Si me sueno los mocos en pañuelos de papel pienso en los árboles que tienen que talar y morir por mí para que yo me saque estas porquerías de la nariz. Si tuvieran que morir que sea al menos por una buena causa, para acabar siendo papel que me enseñe con sus letras, o sobre el cual derramar pretendidas poesías.

Si lo hago con pañuelos de tela, pienso en los ríos que se contaminan al tener que lavar el dichoso pañuelito con el detergente nada biodegradable que tenemos en las casas.
Dicho sea de paso, me da repelús esos pañuelos de tela que de pequeños nos hacían guardar en los puños de las camisetas, vaya guarrería. Llevar un cargamento de virus nadando en espesos mares en la manga de la camisa. Y contemplarlo cada vez que te vuelvas a sonar la nariz... Puajj! (aunque lo confieso, yo soy de las que miran los mocos después de habérselos sonado para ver cómo son. No, no me siento orgullosa, pero seguro que no soy la única...)

Y digo yo... ¿Cómo me sueno los mocos? ¿Me los dejo largos? ¿O contribuyo un poco más a la destrucción del planeta...?