El siempre salvador recurso de la lluvia para inspirar
Me gustan las ciudades mojadas. Se empañan. Como con la niebla, pero con una nostalgia diferente, menos de misterio, más de recuerdos, menos de frío, más de sensaciones cálidas aunque congeladas en algún instante del pasado.
Es curioso, en los días de lluvia la gente tiene más prisa o se detiene. Como el tiempo, que también se detiene, aunque rara vez corra más aun.
Las calles se vacían, y la cabeza se llena, y el corazón se despereza burbujeante, callado pero haciendo ruido. Y a veces brotan las lágrimas que pretenden confundirse con la lluvia.

Calles mojadas, la soledad paseando por ellas. Altas horas de la madrugada. Me gusta respirar ese cálido frío. El color anaranjado de la noche, tal como lo pintan las nubes. La música callada de la lluvia. Una banda sonora ya inolvidable.

Tiempo atrás salir a la calle sin paraguasme parecía una locura. Ahora me parece una locura salir con él. Privarse del placer de sentir el agua que cae, de un cielo que llora emocionado, que se deshace en gotas para fundirse en mi piel, conmigo. Como un regalo.Y respirar esa paz, esa increíble enorme paz.

Un día cualquiera, un jueves, quizás un miércoles. Los momentos especiales no tienen fecha, ni horarios, ni grandes acontecimientos. Sólo hay que saber reconocerlos y dejar que no se escapen, saborearlos hasta el último segundo.
Un día cualquiera las grandes ciudades que antes parecían hervir se vacían a estas horas en las que algunos duermen, y otros sueñan.

Y yo la estaba soñando despierta.
Algunos días, increíblemente, no deseas que vuelva a lucir el sol, que no rompa el mágico encanto de lo que significa un día de lluvia.














javier-caspito dijo
Pues amí me gusta la lluvia. Sobre todo el olor de tierra mojada.
4 Abril 2007 | 06:31 PM