Una turista en mi ciudad
Mi querida Sevilla me ha vuelto a ver. Yo la he vuelto a soñar con los ojos abiertos.
Me ha regalado sonrisas, y yo se las he devuelto. Me ha regalado colores que han puesto alegría a mis días. Y guiños que se dibujaron reflejados en mis labios.

Me he teñido de verde, de albero, de cielo increíblemente azul. Me he bañado en calor de pretendida primavera avanzada. Me he vestido de ondas de Guadalquivir.
Me ha prestado de nuevo las risas que compartí con la gente de siempre. Risas sinceras, fuesen por diversión, o por combatir la tristeza, pero siempre compartiendo, y sintiendo que el tiempo no pasó nunca.

He sido turista. Como solía hacer cuando vivía allí. Me escapaba a los rincones más escondidos de la ciudad, y a los más concurridos por gente de todos los lugares. Me gustaba disfrutar de la paradójica calma de sitios que estaban repletos de turistas.
Tengo un rincón sagrado. Un rincón en el que el alma se encuentra con la paz, y todo parece silencio aunque todo sea ruido. He podido pasar horas allí sin hacer nada, y a la vez sin perder el tiempo. Escuchando música, escribiendo, leyendo, simplemente observando, simplemente sintiendo el aire sobre mi piel; cerrar los ojos y simplemente sentir.
Me encantaba ver cómo gente que iba de paso quedaban maravillados ante tal lugar, que mañana sería un recuerdo, que para mí iba a seguir siendo un presente. Verles llegar, admirar, fotografiar y marchar. Y yo quedarme allí, aun sentada, discriminando todo ruido del murmullo del agua en la fuente que me arrullaba, y dejándome acariciar por la fresca brisa de una primavera que comienza a estallar, con los naranjos intimidando al calor.
Y así volví a sentir mi Plaza de Doña Elvira...

Y así la quisiera volver a sentir, una vez más, sin prisas, sentarme, respirar el azahar, y sentir, sólo sentir...











lamazmorradelandroide dijo
Si es que ya lo decín los del río... Tiene un color especial...
Fuerza y honor.
20 Marzo 2007 | 11:14 PM