Llevaba la piel llena de tatuajes. Marcas que no se veían, dibujos sin rastro, el camino de unos dedos que la habían cubierto completamente, que la habían explorado, que se le habían colado, que habían dibujado todos sus contornos, que se habían deshecho y fundido en ella, labios que sellaron sus besos de promesas no dichas, esperadas, deseadas; que la habían marcado ya, más en el alma que en el cuerpo. Tatuajes invisibles en la piel. Tatuada ya su alma.

Y comenzó a dibujar con suspiros. Pintaba sus días de añoranza. Llenaba los espacios con palabras, con montones de palabras, muchas, con sentimientos encerrados en letras.

Creyó el corazón como una cárcel. Tenía que abrir la puerta. No debe existir un sentimiento preso. Y por más que deba ser así el ser humano se empeña en encerrarlo, en darle la forma de un corazón.

Despertó soñando. Se ahogó para salir a flote. Recordó para olvidar. Tuvo delante un papel en blanco y ya no supo más qué escribir...


Foto: Atardecer en la isla de La Toja. Atardeceres y ocasos...

Me encanta esta canción. Me atrevería a decir que es de mis preferidas...