Caos calmo
Mi casa es como yo: toda un desorden. Hay un rincón en ella en el que se acumula toda la basura. Bolsas y bolsas que no huelen, pero molestan, ocupan espacio. Trastos y recuerdos de los que me es imposible deshacerme. Todo es prescindible, y sin embargo no puedo prescindir de nada.
Quizás también tenga algún rincón por mi alma con un desorden similar en el que no me gusta rebuscar; pero nada de lo que hay en mí puedo considerar basura. Nada, para bien o para mal, es factible de desechar. Todo forma parte de mí; todo eso soy o fui yo, me guste o no.

Siempre me creí una niña buena. Un día me descubrí no tan buena, no tan inocente. O sí inocente, y sí buena, pero sin poder evitar inconscientemente ser todo lo contrario. Cuando vives en un mundo ajeno al resto no puedes evitar que tus sentimientos no sean como los del resto, ni las reacciones, ni la forma de demostrarlo, ni que querer se entienda como lo entienden todos los demás, ni que la amistad signifique para tí lo que significa para el resto.
Ni aunque vivas en este mundo; la vida te somete a mil pruebas en las que siempre habrá alguien que pierda para que otro gane. Y gente que casi siempre pierda. Y gente que casi siempre gane. Yo creo que siempre perdí pensando en que un día podría ganar. Y hoy día, que empezaba a despertarse mi lado de ganadora, sigo pensando que hay cosas que se pierden inevitablemente; y que para ganar hay también que saber perder. Que para conocer nuevos sitios tienes que haber dejado otros atrás. Y que para saber qué significa ganar debes haber perdido antes.
Siempre viví en un mundo de sueños, y un día aterricé violentamente en la realidad. En una realidad bonita, pero dura. Una realidad hecha de jirones de sueños. En una dimensión en que no siempre puedes hacer todo lo que quieres, debes o desearas sin que haya alguien detrás que deje de querer, de deber o desear por lo que hiciste.
Quisiera recuperar cómo era todo antes de ese punto. O disfrutarlo cómo hubiese sido después. O tenerlo como antes pero ahora, como antes de todo, como antes de que fuera. Y sé, que sea como sea, nunca será de nuevo, nunca será como fuere un día, ni aquél, ni éste, ni ninguno, ni nadie más. Los instantes en la vida nos van cambiando, nos van moldeando. Pero hay pasajes que nos cambian a base de hostias, bofetones de la vida que te vuelven la cara 180 grados. En ese momento es la hora de decidir si sigues el camino hacia donde mira ahora tu rostro o hacia donde miraba antes del golpe.
Yo, mientras tanto, intentaré ser feliz siendo tal como soy. No pretendo nada más. Bueno, solamente ser un poquito también lo que me gustaría. Pero nada más.
Foto: Gatos callejeros en busca de un hogar entre los escombros de lo que un día fuera una casa







Cuartosinascensor dijo
Yo creo que a veces hay que dejar atras cosas que son un lastre, mirar adelante.Esto no quiere decir que olvidemos de donde venimos,de todo se aprende.
A mi también me cuesta tirar cosas como la ropa, ahora que tengo más de la que necesito y que hace un siglo que no me vale la llevo a un sitio donde la recogen para gente que la necesita.Y lo mismo con los libros, juguetes...
A mi ya me hicieron feliz , que le sirvan a otros.
15 Febrero 2007 | 01:44 PM