Ayer estaba un poco baja de moral. Ví ese libro en la estantería y decidí al momento rescatarlo. Aun no había siquiera quitado el plástico que lo envolvía, no sé si porque disfruto del dolor o porque fuera feliz, o por una rara mezcla de ambas cosas. Aunque apuesto más por que lo había olvidado en aquella estantería, simplemente... Pero ayer pensé que no está de más leer un libro así. Y leyendo la introducción me convencí.

La felicidad está bajo sospecha. Si alguien se proclama feliz, de inmediato es considerado un ingenuo, un mentiroso, un insolidario con el sufrimiento ajeno o un individuo inconsciente. Incluso pensadores como Sigmun Freud llegaron a declarar que la felicidad es una esperanza ficticia de la que debemos aprender a desprendernos para no lastimarnos en una búsqueda imposible.

Pero la felicidad existe y podemos experimentarla, siempre que nos libremos de preocupaciones impuestas desde el exterior como la necesidad de acumular dinero, reconocimiento social y poder. La alegría se alcanza cuando reparamos en que somos libres de elegir nuestro estado anímico; y la felicidad brota cuando logramos encajar armoniosamente en nuestra vida.

En Alegría, Osho nos enumera las razones por las que, a menudo, nos atollamos en la desdicha: llamar la atención o fortalecer nuestro ego, beneficios que a medio plazo sólo sirven para acrecentar la aflicción; nos enseña la manera de alcanzar la felicidad, desprendiéndonos de todos los métodos impuestos por supuestos maestros y caminando en pos de nuestra llama interior, de nuestra espontaneidad, de nuestro yo más íntimo, a menudo oculto por la preocupación de satisfacer los deseos de la sociedad.
Un viaje hacia el autorconocimiento que no se detiene en la felicidad relativa al instante, sino que pretende seguir avanzando hacia la pura dicha que predicaban los Budas

Tengo intención de empezarlo y no dejarlo hasta terminar. Siempre he hecho eso con los libros. Últimamente ando dispersa, con 3-4 libros empezados y leídos sólo en las primeras páginas, no sé si luchando por continuarlos o esperando el momento de ser abandonados.
Pero yo nunca los abandoné, no logro dejar un libro sin terminar, así que quiero pensar que simplemente tengo que imponer un orden de lectura, y volver a mis costumbres lectoras. Un orden. Eso es lo que me hace falta.

Hoy me he levantado mejor. Sigo pensando en leer ese libro. Si no sé realmente cómo ser feliz (no estoy segura de que sea una tarea fácil la plena y constante felicidad), cómo no reducir mi felicidad a instantes en la vida, tal como dice el libro, sí tenderé la mano a esta lectura. Aprender siempre está bien, por mucho que creas que ya sabes. Pensar que tienes los conocimientos suficientes te cierra las puertas a otros nuevos, te deja estancado.

Hoy estoy contenta porque he conseguido levantarme temprano. Hacía tiempo que no conseguía levantarme antes de las 8 si no era para trabajar. Mi alma de koala no me pide 20 horas de sueño como a éstos, pero no quedaría demasiado lejos... Y sin embargo he dormido menos de siete horas. Y conseguí levantarme. Es más, me ha costado menos que otras veces. Sé que la pereza no es una virtud. Pero otro defecto mío es la poca fuerza de voluntad, con lo cual no puedo atacar la primera con ésta última. Sacaré fuerza de voluntad. Hoy me lo propuse. Hoy empecé a conseguirlo. Sacaré fuerzas y no sólo de voluntad.

Hay que poner orden aquí. Acabar con la maldita plancha que amenazaba con imponer un paisaje nada acorde con el resto de la casa, con el orden. Zafarrancho. Plancha lista. A colocar tooooda esa ropa. Creo que debería hacer limpieza de armario. Hay demasiadas cosas; algunas de ellas ni recuerdo cuándo fue la última vez que me las puse. Hay que hacer limpieza de armario; quizás es una alegoría a la limpieza del alma. Deshacerte de esas cosas viejas.

He recuperado la costumbre de la siesta, perdida desde que duermo las suficientes horas, o más aun de las necesarias. Hoy sí que me lo pedía el cuerpo, casi que me lo exigía. Y lo necesitaba para lo "duro" que se planteaba el resto del día.

He vuelto a mis clases de italiano. No sabía si la profesora se iba a acordar de mí. De hecho había olvidado mi nombre. La pobre... Normal, sólo nos habíamos visto dos veces. Esperaba una reprimenda. Pero me ha regalado una sonrisa. Y eso ha hecho que me sienta mejor. Es más, un regañina no hubiese arreglado nada. Y yo ya tenía decidido asistir, hoy y más. Ha conseguido más con ese gesto en su cara.

He vuelto a tomarme en serio el gimnasio. O al menos estoy en el camino. Hoy, pilates y yoga. Tranquilita, pero siempre adelante. A ver si mañana me decido a sudar en serio. Da mucha pereza, pero te sientes de bien después...

Y ahora estoy en casa, ya cenada, con el sueño planeando sobre mí. Pero no quiero dormir sin daros las buenas noches. Contenta de sentir que he aprovechado el día. Contenta de saber que no dejé escapar un minuto; y con ganas de enfrentarme mañana a un nuevo día igual. Con fuerzas para afrontarlo. Quiero pensar así.

Quizás lea algunas páginas del libro antes de dormir... Dulces sueños.

PD: Me parecía muy apropiada esta canción de Bebe para acompañar el texto. ¡P'a fuera telarañas!!