El cielo llevaba un par de días triste. Y de madrugada, quizás ya al alba, rompió a llorar.

Nos ha dejado sus lágrimas llenando ríos, despertando a las flores, y acurrucándonos a los perezosos, que, calentitos en nuestra cama, hemos tenido que luchar por deshacernos de la calidez del sueño.

El día parece gris, me acompaña mi taza de té. Pero gris sólo en color. De sus lágrimas volverá a brotar la vida. De las lágrimas del cielo la vida; de las nuestras, nuestra vida. De las penas no podemos hacer más que resurgir, cual Ave Fénix de sus cenizas. Recojamos incienso, cardamomo y semillas para construir ese nido del cual nacer de nuevo. Y nacer con los labios dibujados por la alegría.

Pero, como ya te dije, ahora nada más que tengo sonrisas. Incluso para contemplar cálidamente, los pies fríos y el corazón tibio, el té reconfortando por mi esófago, cómo llora el cielo...

Foto: Recién levantada, mirando la lluvia caer. Algo tan natural y tan fascinante. Comienza a hacer frío... O lo hacía ya desde la madrugada... Qué atípico 17 de agosto...