Día extraño. Poca gente en la calle. Cielo teñido de gris. Y yo trabajando.

Casi frío. O casi casi. Al menos antes. Poca gente aquí también. Pocas almas vagando. Gente en el campo. Y yo trabajando. Y con ganas de campo sin calor. De estar tumbada en la hierba. Húmeda la hierba.

Me apetece dormir. O me apetecía. Viene gente. Me ausento. Vuelvo. Me apetece estar en casa. Y no hacer nada, o hacerlo todo. Pero siempre queda en poco más que nada. Desgana.

Tengo hambre. Y ganas de comer. Y ganas de vivir. Y ganas de gritar, romper este silencio. Ganas de tener ganas. De tí, y de tí también. Ganas de piel y de palabras. Ganas de más sonrisas. Ganas de más abrazos; y de más besos. Ganas de dar, y de recibir, admito. Ganas de escapar y confundirme en otra ciudad. De disfrutar de esa soledad. De volver a no estar sola cuando lo quiera. No estoy sola. Sólo cuando quiero. O cuando puedo. Siendo feliz.

Ganas de muchas cosas. Y de desganas. De estar en otro sitio. Hoy también trabajo. Pero me gusta. Aunque prefiero otro sitio, sí.
¿Me regalas tu sonrisa?

Hoy es un día extraño. Quizá sólo sean sus colores. Y yo lo saludo sonriendo. La vida no merece otra cosa que sonrisas. Aunque a veces lo olvidemos. Pero no.

Foto: Pequeñas imágenes capturadas con mi móvil primigenio. Quizás en 2004. Azul celeste insultante de las Lagunas de Ruidera. Maravillosas. O al menos lo eran. Ojalá vuelva la lluvia al lugar donde nació. A dar de beber al nacimiento del Guadiana. O así se decía que era...