El jueves pasé bastante tiempo en una estación esperando; a una amiga, al tren, quién sabe si a algún momento de la vida...

Afortunadamente me proveí de algunas de mis armas de compañía para paseos y esperas, y lo que para otras personas podría haber parecido desesperante, o sentirlo como pérdida de tiempo, lo pude disfrutar de manera diferente. Y sentir que lo aprovechaba, que me gustaba. Que el tiempo que para otros se hubiese detenido por sentir que no pasa, para mí se había detenido sólo para saborearlo.

Con mi cámara capté momentos, ángulos, pedazos de historias.

Es curioso poder inventar, imaginar, historias de las personas que pasan por tu lado. Observando cómo cada uno camina metido dentro de su propio ritmo mientras que tú, liberado de la prisa, te sientes ajeno a todo ello, en un mundo casi superior por no tener que estar supeditado al ritmo escandido por el tiempo.

Con mi MP3 sentí una especie de extraña libertad. Envolviéndome con su música, apartándome de este mundo y transportándome a otro, saboreé agradables momentos de diferentes sensaciones. Y las paladeé lentamente en el corazón.

Volví un poco a mi mundo interior. Y me dejé llevar. Por Carmen Consoli, por Ella Baila Sola... De pie en medio de la estación, rodeada de gente que pasaba pero que nunca se quedaban, dejé escapar la voz, cantando, sin gritar pero sin miedo, a duo o a trío con personas que nadie más podía sentir, solo yo.

Di el "ultimo bacio", volví a "bailar flamenco con los sapos", hice otra "eccezione", y volví a decirte todo lo que haría "por tí". En un mundo que en ese momento era solo mío. Compartido sólo con los demás porque se cruzaban en este camino, con sus pasos o sus miradas, pero sólo mío. Tampoco nadie se atrevió a entrar en él, o a pedir permiso para hacerlo. No sé siquiera si a alguno le hubiese gustado.

Ésa fue la extraña libertad. Dejarme llevar. No es una libertad que nos permitamos a menudo. ¿Que no canto bien? Me da igual ¿Que la gente me mira extrañada? Me da igual ¿Que me toman por enajenada? Me da igual ¿Que se preguntan qué hago cantando en medio de una estación de trenes, paseando para arriba y para abajo? Es que me da exactamente igual.

A veces sólo necesitamos liberarnos de nuestros propios prejuicios y tabúes para sentirnos libres.

He podido sentir también la libertad de una ciudad que no te mira, o que te mira con ojos diferentes. Una ciudad en la que puedes ser libre solo por el hecho de existir, si sabes cómo existir en ella. Y poder mirarla también a ella con otros ojos, con los mismos con los que ella te mira. Y te ofrece sus entrañas para que la saborees, como todo aquel que no lleva la prisa de negarle una mirada a los ojos, camino directo y sin paradas hacia su corazón.

A veces solo necesitamos despojarnos de prisas y tabúes para ser un poquito más felices.

Sin prisas y desnuda me ofrezco aquí.

Foto: Un poco de naturaleza en medio de ese gran asfalto. Verde como tantas esperanzas... Agosto 2006