Aciaga sombra de la vida,
que sin querer ser un día más que nada,
sigilosa te confundiste en unas pupilas
que de la vida eran desengañadas.
Mas, por casi todo, torna nada,
porque a corazón presuroso tuviese en vilo
y todo el alma a casi poco tornada,
y todo el amor tornado a finito,
lluevan las lágrimas, todas ellas derramadas
donde la humedad ya fue hecha tangible,
donde ya el alma había sido abandonada
y nada más que oscuridad era visible,
pareciendo todo un mundo ininteligible.
Mas sabiendo aun que el alma también llora
a ésta no quedaron más lágrimas un día
porque murió... Y muerta está ahora...

Dedicado a Lidia, que tanto me ha pedido que desempolvase viejos poemas. Éste es uno de aquellos tres que conseguí publicar


Foto: Marzo 2006. Valle de nieblas. Quién sabe si de esperanzas hundidas. Pero la niebla desaparece, y las esperanzas, aunque hubiesen llevado lastres, vuelven a emerger