Viendo unas imágenes de lluvia he recordado los fríos días de Monza, donde la niebla era omnipresente en el invierno, y el agua nos acompañaba a menudo a lo largo de las estaciones.
Me ha traído el recuerdo de la calidez de mi casa frente al gélido clima exterior. Lo disfrutaba mucho.
El apartamento tenía unos ventanales enormes, que daban a un balconcito en el que apenas cabían los pies. Yo me preparaba una infusión, y allí me sentaba, sobre el parquet, mientras veía la lluvia caer. Y pensaba. Y recordaba. Alguna vez me acompañaba la música; o me hacía con un libro para leerlo, mientras mi mejilla descansaba apoyada sobre el cristal, haciéndome consciente así del frío.

A veces miraba el campo de fútbol que había frente al edificio; a veces los pocos coches, gentes que pasaban por mi calle; y mis vecinos entrar y salir.
También veía frecuentemente a la abuelilla del bajo coger su bici, con más de 70 años que tendría y no fallaba una pedalada. Me la cruzaba a menudo cuando iba a tirar la basura. Aparte del "buongiorno" y "buon lavoro" me costaba descifrar las palabras que de su boca salían, dichas en un cerrado dialecto brianzolo. Era un personaje extraño, en su mundo, pero lo recuerdo con cariño.
Por las noches, a menudo, nos reuníamos en mi casa, con el vecino de arriba y el de abajo a la derecha, para disfrutar de las "seratas de té". Roberto solía sorprenderme con una nueva mezcla de infusión. A Filippo no sé si le gustaba demasiado el té, pero sé que disfrutaba de mi compañía, de nuestra compañía. Eran unas personas tan diferentes... Pero qué bien nos llevábamos los cuatro (junto con mi amiga y a la vez compañera de piso) Había momentos desternillantes, momentos profundos, momentos de bromas y otros de confesiones. Noches enteras sin dormir, incluso yendo a trabajar directamente.
Ese período me sirvió, entre otras cosas, para hacer nuevos amigos, pero también para recuperar amistades que habían quedado aparcadas y disfrutar aún más de los amigos de entonces.
Son recuerdos que tenía guardados en una cajita, la cual he vuelto a abrir después de mucho tiempo. No le pondré el candado; me gusta que a veces aflore a la memoria.
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