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La Coctelera

Categoría: Poesía

La belleza de otras lenguas

Me gustan los idiomas. Siempre se me dieron bien. Pensaba que es un instrumento que ayuda a la comunicación, y hasta cierto punto es cierto. Pero hoy me doy cuenta además de que conocer otras lenguas puede limitar también la expresión. Y es que a veces encuentras las palabras exactas que buscabas, la canción que mejor que ninguna explica lo que sientes, pero tienes la limitación de compartirla porque no está en tu idioma natal, o más bien en el de las personas a las que te gustaría hacerlas llegar.

Hoy me da igual. He encontrado un poema en uno de esos cuadernos a los que accidentalmente llegan mis anotaciones. No recuerdo exactamente dónde lo leí. No es tampoco lo que siento ahora, pero seguramente alguna vez me he sentido así. Y es que es simplemente precioso. Aunque no se pueda entender completamente, creo que sólo el hecho de estar escrito en italiano ya le da una enigmática belleza.


Un sogno
Mi avvicino al tuo viso...
Ti guardo
perdendomi nell'immensa bellezza dei tuoi occhi...
per poi trovare sulle tue labbra il senso della mia vita.

No... Non ti chiedo di realizzare il mio sogno

...soltanto lascia che io sia
una stella nel tuo cielo,
un'onda nel tuo mare...
e il cielo non sará mai troppo buio,
la sabbia della riva mai troppo arida... per te

Y recordando a alguien que decía que la voz es algo muy importante para él, no voy a dejar a este poema huérfano de sonido. Presto mi voz a estas letras.
(Disculpad esa voz, pero es que empezaba a quedarme de nuevo afónica, y creo que esa era la ronquera previa. En fin... que esto es lo que hay...)

A una discoteca

Furia de titanes ineptos de vida
que con ensordecedor ruido bailan en el cielo,
laberinto de fuegos y luces encendidas,
brillantes sonidos dibujados en firmamento.
¿Qué sabrán ellos de vida? ¿Eh? ¿Qué sabrán?
Sólo conocen movimientos fugaces de estrellas,
brillos que a un ritmo vigilan tu faz,
tu cuerpo, tus brazos, tu cuello, tus caderas.

La he rescatado de mi cuaderno donde atesoro palabras. De uno de ellos, tengo varios empezados, y ninguno completo.

Se me ocurrió mientras estaba en una discoteca. No me apetecía mucho ese ambiente en aquel instante, y me puse a divagar. Pensando, pensando, cogí una servilleta y ahí quedaron estas letras, mi impresión de lo que en ese momento me rodeaba.

Para que veais que la inspiración puede estar en cualquier objeto, en cualquier situación.

Amazona

Suave olor a vainilla entre bosques
atravesados por ríos indios.
Azúcar en gotas de rocío
cayendo silenciosamente delicadas
sobre hojas de paraíso.
Se respira el frescor de la mañana.
La humedad se pega a la piel;
el silencio queda roto por el río que se queja
y la brisa que mueve con suavidad las hojas.
El sol se pelea con el verde intenso
para intentar llegar a la tierra,
donde se encuentran los más indefensos.
Se alza en esta maraña llamada selva
columnas de humo con olor a incienso
y junto a lor ríos indios cabalgan amazonas
imaginarias, de aire y sin piel.
Sólo siento sus ojos sobre mí y me uno a ellas.
Amazona; soy amazona que cabalga desnuda,
con la piel sintiendo el aire y cada giro.
Yo, amazona sólo de piel. Y de exhalación.
Mi caballo sólo de piel, y de gemidos.
Cual rocío, gotas bañan mi frente,
que al galope se derraman, resbalan desde mí.
Al galope, frenesí.
Amazona de piel desnuda, de corazón latiendo
a estallar, como aquel que advierte el peligro.
Casi lo siento salirse de mi pecho,
pero logro retenerlo dentro de mí,
al igual que el olor de incienso que penetró en mi interior.
Lo llevo dentro de mí.
Ese olor. Más allá, (la) nada.
Frenesí.

Hija de Luna

Soy un vástago del cielo,
hija de Luna y Sol de progenitor.
Estoy hecha de polvo de luna,
de miradas de estrellas
y besos de la infinita eternidad.
De sueños...
Incorpórea, intangible, voluble, volatizable.
Mi carne, músculos apenas si de arena;
mis huesos se deshacen de transparencia;
mis labios son brisa marina;
mis ojos no ven más allá del alma;
mis manos sólo sueños acarician;
mi corazón, sólo fuego, sólo llamas.
Sólo sueños...
O así lo deseara.

En escribir se me va la vida

Besaré la oscuridad profunda
si no se rompen de seda mis labios
por aterrizar en ella tan violentos.

Y pienso en penas absurdas,
que pasear por recuerdos no es de sabios,
que aquellos dolores quedaron lejos.

Necesito volver a sentirlos,
deshacerme en la agonía
de los días perdidos
y revivir la poesía.

Muero por volver a escribir y nada sale de mí que valga la pena. Mis letras murieron demasiado jóvenes...

A Luna

Rescatada del recuerdo; quizás hace más de 10 años que nacieron estas palabras de mí... Pero los sentimientos, tras tanto tiempo, siguen siendo los mismos...

Noche... Es de noche... Me atrapa oscuridad.
Clamor de estrellas estáticas en el firmamento.
Voz de musa con nombre propio en el cielo.
No es lo que parece. Sólo aparenta frialdad
pero sé que ella es ardiente,
sólo necesitas ver su alma.
Mírala cuando esté todo en calma,
cuando los susurros se escuchan como gritos,
cuando una breve luz ciega los ojos,
y la vida se difumina antes del alba,
cuando Morfeo te ronda para secuestrarte,
porque para él te convertiste en antojo.
¿Viste ya su alma?
¿Te dejaste besar por ella?
Esa musa su poesía sella
con un beso.
¿La amas?
Ya caíste en sus brazos.
Ya le perteneces, como yo,
y cada vez que te necesite utilizará
tus labios,
tu voz,
tu mano,
para traducir a versos los sonidos del cielo,
conciliábulos de estrellas
y suspiros de cometas lejanos,
de cristales que tintinean
y no son más que polvo en el zenit.
Ella es simplemente así
¿Te sientes poeta?
Déjate querer por ella.
Ella te quiere,
no te dejará escapar porque te necesita,
necesita de todo tu ser
para demostrar que no está muerta la poesía.

¿Has visto, Juanjo, cómo yo amaba a la Luna desde hace ya mucho...? *;) Cómo no amarla...

Foto: Una luna llena cosmopolita que aprendió a pasear por los tejados de la ciudad cual gato escapando de la noche

Si llegué un día a odiar la noche...

Puta noche en que me besa luna
y me faltan otros besos,
en que me sobran las palabras
y como fuego arden dentro.
Duermes plácidamente, o lo finges,
y yo me trago la rabia de sonidos,
como ahora que te vas, y me dejas
la boca llena de cosas que no dije,
como ahora que te has ido.
Puta noche en que acunas las penas,
llegando a sentirlas cómo duelen en el pecho,
pensando distraída, desparramada en el lecho,
bebiendo de nuevo elixires de condenas.
Qué dolores me trajiste,
tú que tantos otros borraste;
males que desconocía y aprendo ahora,
por no saber cómo amarte,
por no saber si quieres que te siga amando.

Hoy me he permitido estas tristes líneas. Una concesión que me he dado.
Pero me despido con una sonrisa, que es éste mi estado de ánimo de hoy.

Foto: La velocidad de la noche desde la carretera. Y la lentitud para aquellos en que, eterna, piensan que nunca pasará...

Muerte de poesía

Después de una vida de derrotas llegó la calma
y con ella, la muerte de la poesía.
Ya no sangra la pluma,
ni inyectando la tinta de la nostalgia.
Dejó de llorar con sus trazos negros
y apenas garabatea sombras en papel.
Es la agonía de quien un día se creyó poeta.
Pero olvidaba que este ser se hace de sentimientos,
y no de palabras.
De ese ser sólo me queda la penumbra que dejó...
y los antiguos versos recién desempolvados.

Un atardecer más desde mi balcón. No será una ciudad bella, pero a veces intenta compensarlo con los colores que nos regala su cielo. Julio 2006