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Terra
La Coctelera

Categoría: Marilia sentimental

El siempre salvador recurso de la lluvia para inspirar

Me gustan las ciudades mojadas. Se empañan. Como con la niebla, pero con una nostalgia diferente, menos de misterio, más de recuerdos, menos de frío, más de sensaciones cálidas aunque congeladas en algún instante del pasado.

Es curioso, en los días de lluvia la gente tiene más prisa o se detiene. Como el tiempo, que también se detiene, aunque rara vez corra más aun.

Las calles se vacían, y la cabeza se llena, y el corazón se despereza burbujeante, callado pero haciendo ruido. Y a veces brotan las lágrimas que pretenden confundirse con la lluvia.

Calles mojadas, la soledad paseando por ellas. Altas horas de la madrugada. Me gusta respirar ese cálido frío. El color anaranjado de la noche, tal como lo pintan las nubes. La música callada de la lluvia. Una banda sonora ya inolvidable.

Tiempo atrás salir a la calle sin paraguasme parecía una locura. Ahora me parece una locura salir con él. Privarse del placer de sentir el agua que cae, de un cielo que llora emocionado, que se deshace en gotas para fundirse en mi piel, conmigo. Como un regalo.Y respirar esa paz, esa increíble enorme paz.

Un día cualquiera, un jueves, quizás un miércoles. Los momentos especiales no tienen fecha, ni horarios, ni grandes acontecimientos. Sólo hay que saber reconocerlos y dejar que no se escapen, saborearlos hasta el último segundo.
Un día cualquiera las grandes ciudades que antes parecían hervir se vacían a estas horas en las que algunos duermen, y otros sueñan.

Y yo la estaba soñando despierta.

Algunos días, increíblemente, no deseas que vuelva a lucir el sol, que no rompa el mágico encanto de lo que significa un día de lluvia.

Merecer y tener

Le daba lo mejor de mí a la vida, y no obtenía más que indiferencia en el mejor de los casos. Cuanto mejor la trataba, más desdenes me hacía.

Ahora, me lo da todo cuando menos lo merezco, me ofrece y me regala, y yo sólo sé hacerle desplantes. Más la maltrato y más me da.Y más me da y más la maltrato. Me va tan bien el papel de buena que ya casi me lo creí.

Debería a veces darme un hostia que me volviese la cara atrás para recordarme aquellos tiempos en los que sólo me estaba permitido soñar.


Qué injusto es este mundo...


"Ya no me das pena, señorita..."

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos...

Te llenan y te vacían

Hay personas que aparecen, desaparecen, te llenan y te vacían, y nunca te piden permiso para ello, ni te dicen hola, y menos aun hasta luego, o hasta nunca. Y nunca se preguntan si está aun libre ese hueco de tu vida para volver, si tienes un segundo para ellos. Y siempre vuelven, llaman a tu puerta y no te puedes quedar sólo observando a través de la mirilla.

Historias de éstas me conozco unas cuantas. Hasta que hubo un día que, sin un porqué tampoco, marcharon para siempre, sin siquiera un adiós... Deberían haberse llevado con ellos los recuerdos, vaciarme de ellos como de su presencia. Pero eso sí que me hubiese dejado vacía.... Y quedarme sin recuerdos hubiese sido también quedarme sin una parte de mí...

No te he pedido permiso, Negartija, espero que no te moleste que te haya robado este comment que dejé en tu página

Y aun así, las suelas de mis botas corren como dos idiotas, siempre detrás de tí...

Deseo de luna

Arañando la noche y desgarrándola en estrellas. Así paseaban las uñas de sus ojos por el cielo. Por la espalda del cielo. Con el gemido del silencio posado en los labios de la luna. Con las miradas curiosas de quienes no podían ver. De quienes intuían y deseaban. De quienes imaginaban y deseaban. Y el deseo fue fuego en la noche. Y no fue la luna llena la que dio luz a los sueños.

La piel etérea. Dedos imaginarios. Besos sin tacto. Lenguas que se enredaban en el aire. Intangibles caricias. Inaudibles susurros. Porque no existieron. No debieron existir... Sólo se desearon. Y al desear existió. Sucedió. Aunque no hubiese sucedido nunca. Aunque solo fuese un sueño. Aunque se despertase después...

Anatomía del amor

El amor no tiene ni pies ni cabeza. Quizás para no salir corriendo. Quizás para no pensar de más.

Y tan ciego es que tropiezas mil veces por no ver los obstáculos. Y te das de bruces de nuevo, otra vez, como aquella, como la anterior, una caída diferente, pero vuelves a caer.

Lavando el alma

Me desperté en la realidad. Las sábanas del alma se habían manchado. De carmín, pero estaban manchadas. Se habían manchado de sueños, pero tenían que lavarse.
Metí el alma en la lavadora.

A veces pienso que las lágrimas son el resultado de lavar el alma. El precio de dejarla limpia y reluciente. De retorcerla para escurrirla. Y ya sólo me queda tenderlas al sol para que queden bien sequitas. Si no hay tormenta que lo impida...

No luches más, porque en esta guerra ya todos perdimos nuestras batallas, y sólo nos queda morir. No luches más, porque saldremos heridos de muerte. Perder la piel por no perder los sueños. Perder el orgullo por no perder las esperanzas. Perder la vida para darla a quien no lo merece. Perderlo todo por que no nos quede simplemente nada.

Puede que tenga armas, pero no tengo escudo. Hay ciertas flechas que no sabré esquivar. Hay palabras y miradas que tienen una dulzura hiriente. Y verdades que duelen de ir tan desnudas.

Tengo miedo de salir de mi trinchera. Porque no sé cómo escapar de una guerra en la que las balas son flores.
Pero una guerra nunca puede acabar bien...

Che differenza c'è tra amare e farsi male...

Que diferencia habrá... me pregunto yo también...
Con qué rabia cantaba, recordando...

Estatua de sal

Hay algo que tira de mí hacia abajo. Que me pesa porque me podría dar alas. Que me hunde porque me hace volar. Que me hace caer una y otra vez en lo que para mí es una dulce enfermedad.

Acabaré siendo estatua de sal. De mi mar no quedará agua. De mis sueños, sólo jirones. De mí misma ya no sé ni lo que queda.

Soy sonrisa, o lo era. Soy sonrisa, o lo pretendo. Pero a solas, en la oscuridad, el gato de Cheshire se apaga. En la oscuridad queda sólo eso, oscuridad.

En la noche, soledad, una luna, unas estrellas. Una constelación de Orión que me hace enfermar de infinita nostalgia. Con los pies arrastrándolos hacia delante, porque así lo quiero; con los ojos sintiendo hacia detrás, porque no lo puedo evitar. Que hago enfermar de infinita nostalgia, y no logro encontrar antídoto. No para mí, y menos para dar. Que a veces la dulzura es la peor de las medicinas. Y yo no conozco otra. Yo soy así. No puedo intentar ser lo que nunca quise ser. No puedo decir que no cuando dentro grita sí. Ni mentir tanto siendo tan transparente.

Acabaré por perder todo. Nada es eterno, eso lo sé. Pero todo puede ser lo eterno que queramos que sea. Y a veces el infinito me parece demasiado. Y a veces la nada me parece demasiado poco.

Creía muy difícil elegir una sola canción como preferida. Pero de elegir una, creo que sería ésta. Hay historias que te marcan; hay canciones que las acompañan. Pero hay canciones que parecen que hablan de tí...


Cuando los sapos bailen flamenco...

Tatuajes y cárceles

Llevaba la piel llena de tatuajes. Marcas que no se veían, dibujos sin rastro, el camino de unos dedos que la habían cubierto completamente, que la habían explorado, que se le habían colado, que habían dibujado todos sus contornos, que se habían deshecho y fundido en ella, labios que sellaron sus besos de promesas no dichas, esperadas, deseadas; que la habían marcado ya, más en el alma que en el cuerpo. Tatuajes invisibles en la piel. Tatuada ya su alma.

Y comenzó a dibujar con suspiros. Pintaba sus días de añoranza. Llenaba los espacios con palabras, con montones de palabras, muchas, con sentimientos encerrados en letras.

Creyó el corazón como una cárcel. Tenía que abrir la puerta. No debe existir un sentimiento preso. Y por más que deba ser así el ser humano se empeña en encerrarlo, en darle la forma de un corazón.

Despertó soñando. Se ahogó para salir a flote. Recordó para olvidar. Tuvo delante un papel en blanco y ya no supo más qué escribir...

Foto: Atardecer en la isla de La Toja. Atardeceres y ocasos...

Me encanta esta canción. Me atrevería a decir que es de mis preferidas...