Gracias, Raúl, por el regalo. Eres un genio. Ojalá yo dominase como tú estos benditos programas de retoque de fotografía.
De nuevo, muchas gracias
Gracias, Raúl, por el regalo. Eres un genio. Ojalá yo dominase como tú estos benditos programas de retoque de fotografía.
De nuevo, muchas gracias
Me gustan las ciudades mojadas. Se empañan. Como con la niebla, pero con una nostalgia diferente, menos de misterio, más de recuerdos, menos de frío, más de sensaciones cálidas aunque congeladas en algún instante del pasado.
Es curioso, en los días de lluvia la gente tiene más prisa o se detiene. Como el tiempo, que también se detiene, aunque rara vez corra más aun.
Las calles se vacían, y la cabeza se llena, y el corazón se despereza burbujeante, callado pero haciendo ruido. Y a veces brotan las lágrimas que pretenden confundirse con la lluvia.
Calles mojadas, la soledad paseando por ellas. Altas horas de la madrugada. Me gusta respirar ese cálido frío. El color anaranjado de la noche, tal como lo pintan las nubes. La música callada de la lluvia. Una banda sonora ya inolvidable.
Tiempo atrás salir a la calle sin paraguasme parecía una locura. Ahora me parece una locura salir con él. Privarse del placer de sentir el agua que cae, de un cielo que llora emocionado, que se deshace en gotas para fundirse en mi piel, conmigo. Como un regalo.Y respirar esa paz, esa increíble enorme paz.
Un día cualquiera, un jueves, quizás un miércoles. Los momentos especiales no tienen fecha, ni horarios, ni grandes acontecimientos. Sólo hay que saber reconocerlos y dejar que no se escapen, saborearlos hasta el último segundo.
Un día cualquiera las grandes ciudades que antes parecían hervir se vacían a estas horas en las que algunos duermen, y otros sueñan.
Y yo la estaba soñando despierta.
Algunos días, increíblemente, no deseas que vuelva a lucir el sol, que no rompa el mágico encanto de lo que significa un día de lluvia.
Le daba lo mejor de mí a la vida, y no obtenía más que indiferencia en el mejor de los casos. Cuanto mejor la trataba, más desdenes me hacía.
Ahora, me lo da todo cuando menos lo merezco, me ofrece y me regala, y yo sólo sé hacerle desplantes. Más la maltrato y más me da.Y más me da y más la maltrato. Me va tan bien el papel de buena que ya casi me lo creí.
Debería a veces darme un hostia que me volviese la cara atrás para recordarme aquellos tiempos en los que sólo me estaba permitido soñar.
Qué injusto es este mundo...
"Ya no me das pena, señorita..."
Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos...
Hay personas que aparecen, desaparecen, te llenan y te vacían, y nunca te piden permiso para ello, ni te dicen hola, y menos aun hasta luego, o hasta nunca. Y nunca se preguntan si está aun libre ese hueco de tu vida para volver, si tienes un segundo para ellos. Y siempre vuelven, llaman a tu puerta y no te puedes quedar sólo observando a través de la mirilla.
Historias de éstas me conozco unas cuantas. Hasta que hubo un día que, sin un porqué tampoco, marcharon para siempre, sin siquiera un adiós... Deberían haberse llevado con ellos los recuerdos, vaciarme de ellos como de su presencia. Pero eso sí que me hubiese dejado vacía.... Y quedarme sin recuerdos hubiese sido también quedarme sin una parte de mí...
No te he pedido permiso, Negartija, espero que no te moleste que te haya robado este comment que dejé en tu página
Y aun así, las suelas de mis botas corren como dos idiotas, siempre detrás de tí...
Atendiendo a la propuesta del tema de la semana de la Coctelera, os ofrezco un recopilatorio de las vistas que se tienen desde mi balcón.
Los que me seguís desde hace algún tiempo habréis podido comprobar que alguna de estas fotos habían sido ya publicadas acompañando un post. Ya es por ejemplo mítica, aquella del Tobogán de Ángeles
Y es que Ciudad Real no es que sea especialmente bonita, pero me regala unos atardeceres desde mi balcón dignos de ver, para mi regocijo y el de mi humilde cámara de fotos.
Por cierto, mis vecinas de enfrente son monjitas. Lo que veis en las fotos es el convento y el jardincillo que tienen para cultivar sus cosillas y tender la ropa. No dan ninguna lata, la verdad, pero cuando se ponen a tocar las campanas... A las 8'20 de la mañana y no tienes que madrugar te acuerdas de ellas, y a las once y pico de la noche, y estabas ya en la camita... Y da miedo cuando se ponen a cantar a horas en las que ya/aun es de noche.... Suena lúgubre, tétrico (cómo me gustan las palabras esdrújulas...)
¿Alguien más se anima a mostrarnos las vistas desde su balcón o ventana?
Que lo sé... Que llego tarde... No suelo ser demasiado imputual, recalcando el demasiado, pero esta vez no había manera de solucionarlo.
La fiesta. Menuda fiesta!! Mil veces se hiciese, mil veces asistiría de nuevo. Ha merecido la pena "darse el paseíto" hasta Madrid. Estaréis pensando como me han dicho siempre: "Estás loca" Y qué, si soy una loca feliz...
Llegada a Madrid
"Aterrizo" en Madrid. Dejo la maleta en el hostal. Qué miedo, ¿aquí me tengo que meter...? ¿Por qué no habría sitio donde siempre, que tan bien estaba y tan baratito...? Si sólo hubiese contado con un poquito de antelación hubiese pasado la noche en Los Alpes.
Nada más entrar casi me doy de bruces con la cocina, y un argentino desayunando. Se parece al "Mono Burgos", con los mismos pelos y todo, con su acento y todo, pero cuando estaba delgado. Es el que lleva el hostal. Me recibe en pijamas y zapatillas. De lo más extraño. Pago y sigue desayunando. Dejo la maleta y salgo a pasear por Madrid.
En Madrid sé que siempre encuentro buena compañía. Pero también me gusta disfrutarla a solas. La Gran Vía es todo un mundo para mí. Y disfrutar de mi soledad no significa sentirme sola. No tengo necesidad de estar siempre con gente. A veces un ratito para mí nada más viene bien. La gente debería entender eso.
Caigo en mi compulsión. Zapatos a 6 euros, zapatillas de deporte a 6 € (monísimas, en piel y de color lila), pantalón de chándal a 4 €, camiseta a uno!! Y mejor parar.
Me dirijo a La Dalia. Necesito hacerme con rooibos chocolate-ron. Y con un arsenal de Yoghi Tea de chocolate. Pero caigo en la tentación y casi vacío la tienda.
Nada más entrar por la puerta me llaman al móvil. Me quieren vender libros. Se los voy a comprar, no hace falta que me suelte el rollo, si me vienen bien para el trabajo, en eso no hay que escatimar. Pero el tipo cree que necesita soltarme el rollo y no se corta. Yo casi no le oigo. Sigo buscando en el estante ese rooibos mientras él habla solo. Como cuando te habla una suegra como la mía. Un cuarto de hora. O más. El hombre ha atendido ya a unos cuantos. Me espera con paciencia infinita.Yo sólo espero que me diga el precio y contestarle que sí. Mientras tanto he llenado el mostrador con unas cuantas bolsitas de tés y rooibos. Y vaciado el bolsillo de unos cuantos billetes. No tengo remedio...
Sigo de tiendas. Miro mucho, compro poco. Menos mal. Entro en H&M.Me pruebo un vestido muy barato, precioso. De gasa negra. Pero la 34 es una talla muy pequeña, y lo de arriba no hay donde meterlo ahí. Si no fuerapor eso me lo llevaba.
Algo se me cae al suelo. Lo voy a recoger y me encuentro con un libro ¡en un probador! "Suicidios ejemplares", de Enrique Vila-Matas. Se le debió caer a alguie mientras leía por la página 58-59. Así lo indica un envoltorio de Trident a modo de marcapáginas. Ir de tiendas no está reñido con el gusto por la lectura. Pero eso ya lo sabía yo, que me gustan ambas cosas ![]()
Voy a comer. "Subo al sur". Me encanta ese sitio. Una tienda de comercio justo donde sirven comidas de todo el mundo. Me gusta el turismo gastronómico. Me gusta lo exótico. Y el menú es barato. Sólo ocho euros. Merece la pena.
Tras la deliciosa comida vuelvo al hostal para dormir una siesta. Vuelvo a sentir ese miedo que me invadió cuando lo ví la primera vez. El lugar es cochambroso, una habitación minúscula con muebles viejísimos, las sábanas dan un poquito de repelús, la almohada no sabría si llamarla así, no tiene persiana, apenas una cortina, ni un mísero lavabo donde lavarme la cara. En fin... Vamos a intentarlo.
Cierro los ojitos, y apenas consigo dormira pesardel cansancio. Al poco estoy de nuevo en pie.
Winter se porta estupendamente conmigo. Me llama preocupándose por mí. Me dice que Miss Calamarno piensa venir a la fiesta. Me propone un café. OK, tomemos algo. Pero me llevas a su tienda para que al menos la salude si no la puedo ver esta noche.
Conozco al fin a mi paisana. Hace calor en la tienda. Será que su personalidad cálida la llena. Tiene unos increíbles ojos azules. Qué envidia.
Hay un punto de inflexión. Cambio de planes. Quizás sí, quizás me pase por la fiesta. Claró, tía, si te vas a arrepentir si no vas, en casa vas a estar comiéndote los mocos mientras nosotros bailamos entre risas. Venga, vale, un ratito.
Corro a darme una ducha que casi no me da tiempo. Odio atravesar el pasillo una y otra vez. Porque la ducha está al fondo. Porque en mi habitación no puedo enchufar el secador. Porque no hay luz suficiente para saber dónde planto el lápiz de ojos. Y odio que me vean los extranjeros que están allí sentados (son todos rubios rubísimos, de ojos azules azulísimos, pero no alcanzo a escuchar la conversación para saber de dónde vienen) con la toalla reliada en la cabeza. Es como un atentado a mi intimidad.
Crónica de la fiesta
21 horas en Callao. Allí fue donde Winter me dijo que habíamos quedado. Nick Furia, todo un tipo digno de conocer; Jaytower, menudo regalito el de después; Javier Caspito y su mundo; C-girl, te perdono yo también lo de la tosta, no pidas más disculpas, que no hace falta; Shenka, una tía genial a la que poco conocía antes y me ha sorprendido gratamente; Miss Calamar, otra tía genial a la que seguía desde los principios y me alucinó aun más en persona; Bitelchús (qué mala soy, pero es que la primera vez creí que era así...) y su amiga Ángelodemonio. Llamo a Anapara ver dónde está. Llega al poco pero se va directamente a la fiesta. Lo siento, yo necesito comer algo antes. ¿Una tosta por ejemplo? Ajaja (chiste para las 4 chicas que vivimos el momento, 3 con cara de sorprendidas y una con cara de vergüenza *;P)
Tras engañar al estómago nos vamos a la fiesta. Ya a la entrada parece interesante. Doy el nombre. Me dan una pegatina para identificarme, una chapa de La Cocteleray una camiseta, y una invitación a refresco o cerveza. Pero qué bien se portan éstos de La Coctelera, qué majos y qué currado se lo tienen todo!
Intento localizar a Ana y Marta, que ya son "viejas conocidas" para mí. No es la primera vez que las veo y espero que haya muchas más. Son geniales. Las veo enseguida, las abrazo, me encanta que estén allí. Está también JB acompañando a Marta.
Y conozco a Jesúsa quien siempre veía comentar en el blog de Marta y alguna vez curioseé de pasada. Y a la otra Marta, que también había visto pasar en sintonía por los blogs de mis amigas y seguro que alguna vez pasé por allí con prisas. Y por fin pongo cara a mi amigo Rafa, al que me dio mucha alegría poder ver y mucha más pena no poder compartir más tiempo con él. Pero normal, con tanto jaleo y tanta gente.
Hablando con ellos siento un toque en el hombro y una exclamación. "¡Marilia!!" ¿Y tú quién eres? Ah, sí, la pegatina, claro... Anda, Ryu, al final has venido! Qué bien. No nos conocíamos mucho antes, pero era agradable encontrar a alguien a quien sigues, aunque sea desde hace poco, más aun cuando aun no había decidido si vendría o no. Otro loco como yo que se hace un puñado de kilómetros para venir a la fiesta. Si es que somos unos frikis. Empezamos a hablar, y continuamos hablando y hablando. Me sorprende muy gratamente. Es agradable encontrarte gente así.
Shenka me presenta también a unosamigos, son infiltrados de la competencia, pero seguro que tras la fiesta han pensado en hacerse hueco en La Coctelera. Llegan también Sin Perdóny Mrs Maggots. La gente empieza a irse, pero nosotros hacemos un grupito muy majo. Y empezamos a hacer cosas raras, las altas horas de la noche y el alcohol pasan factura. Cómo explicar lo de las pegatinas...? Situaciones "comprometedoras" y divertidas. Shenka, si a tí te echan bajo un puente, me tocaría ir a dormir contigo...
De los vídeos mejor no hablar... ¿Alguien sintió que no hacía el ridículo? ¿Alguien no se arrepintió de ponerse delante de la cámara? Yo estaba hecha un flan, qué manera de cagarla...!
Van a cerrar, se hace tarde. O temprano, según se mire.He aprovechado toda la noche. Me ha encantado. Me quedo con ganas de más. ¿Desayunamos? En un intento infructuoso de buscar un local abierto en el que nos sirvan unas tostadas acabamos en San Ginés comiendo churros con chocolate. Después toca despedida. Una lástima. A qué poco pueden saber tantas horas. Abrazos (terapia de peluche ;P) y un hasta pronto. Ojalá.
He conocido gente increíble, me encantaría volver a reencontrarme con ellos. Como me reencontré con la gente increíble que ya conocía. Ha sido una experiencia inolvidable. Estoy encantada de haber hecho esa locura. ¿Para cuándo la próxima...? Simplemente delicioso, simplemente genial.
Jo, cuántas lagunas, casi sólo recuerdo que lo pasé muy bien. El resto se lo ha inventado mi cerebro para ir cubriendo huecos. Fui con Santa Teresa al cielo, pero después menudo batacazo!!
Menos mal que tengo fotos para refrescar la memoria...
El día después
Me voy a dormir a las 7. A las 9 me despierto. Necesitaría dormir algo más, pero mi cuerpo se niega. Tras varios intentos a las 10 me pongo en planta. Hay que terminar de organizar la maleta y salir de allí. Y no tengo resaaaca!
Pero miresfriado ha empeorado. Me he quedado casi afónica. Me cuesta hablar y que me entiendan. Y más aun que no se rían de mí.
Me cobran 3 euros por dejar el equipaje en el hostal. Cabrones!Con lo que cobráis ya por esa mierda de habitación...
Voy a desayunar. Me tomo un café después de no probar uno en meses, con un donuts. Winter me llama. Quedamos para un té. Eso sí, no puedo echar en falta ese té. Me hace conocer tiendas de té y de chocolate que me dejan alucinada. Gracias por el detallito, Winter. En general, gracias por todo.
Tomamos el té en un sitio que me descubre. Parece que me conozca, me encanta el sitio. El menú también parece delicioso. Lástima que la parte de abajo sólo esté abierta de noche. Debe ser genial sentarse sobre los cojines en el suelo, sobre esa capa de arena en la que colocar los cojines. Y las luces, y el baño... Es genial ese sitio. Quiero volver. Quiero tener tiempo para volver.
Me acompaña hasta el sitio donde voy a comer. Él se tiene que marchar. Subo de nuevo al sur y la comida está más deliciosa aun que el día anterior.
Después me voy a dar un paseo. Bajo a la Plaza de España, con la música a cuestas y me siento en un banco. Empiezo a sentirme fatal. El cansancio pasa factura y casi me duermo en el banco, con el bolso haciendo de cojín. El resfriado me está matando, no es el mejor día para deambular por ahí. Decido cancelar la cita con un amigo al que hace muchísimo que no veo, pero el cuerpo no me lo perdonaría. Una lástima, porque me apetecía verle, y porque había conseguido reservar en un sitio que me encanta. No tengo batería en el móvil, no sé cómo encontrar su número, y al final me las ingenio. Le llamo y lo entiende. Tampoco él está para muchos trotes. Nos conformamos con un "otra vez será".
Adelanto el billete de tren. Doy una cabezada en el viaje. No tengo batería en el móvil ni para poner la alarma y pido a la viajera de al lado que me despierte al llegar a Ciudad Real.
Una vez en casa paso las fotos para que mis amigos las tengan cuanto antes. Y me voy a dormir. Me esperan unas duras 48 horas de trabajo seguidas aderezadas por un catarro nada desdeñable. De las que me pude recuperar sólo ayer, durmiendo todo el día, todo el cansancio y todo el resfriado.
Siento la tardanza. Aquí tenéis mi reportaje de la fiesta. Sólo puedo resumirla en GENIAL!!
Me encanta pasear por las estrechas calles del Barrio Sta Cruz, donde siempre hay una sombra bajo la q cobijarse
Me levanté tempranito esa mañana. Había quedado con un amigo para desayunar. Sé que hubiese querido pasar más tiempo conmigo, que hubiese querido que le acompañase de compras el día anterior, como habíamos hecho alguna queotra vez hace años.
Crucé la calle para coger el autobús. En la puerta del taller estaba aquel perro, aun adormilado, empezando a aprovechar los primeros rayos de sol de un día que prometía ser cálido, pero que todavía no éramos conscientes de ello. Después entendí que me sobraría el abrigo y el jersey, que los hubiese cambiado encantada por una fina camisa, incluso unas mangas cortas.
Cogí el autobús. Lleno de gente como es habitual en un día normal a esa hora. Me puse el MP3 dispuesta a escuchar música, sabiendo que me esperaba un largo viaje, pero al final decidí poner la radio. Zapeé. Escuché la voz del Presidente del Gobierno y dejé de zapear para "zetapear". Pero madre mía, era Carlos Herrera el que le entrevistaba... Nada más que comentar.
Una hora de autobuses y por fin llego a Virgen de Luján. Mi amigo seguro que tiene hambre. Nos vamos a la famosa chocolatería que queda justo frente a su trabajo, no quiere alejarse mucho. A mí me apetecía una buena tostada, pero lo entiendo. Además, echaba de menos los "calentitos" de mi tierra.
Un ratillo de charlas, puestas al día, todo deprisa, sabe a poco. Otra vez será. Siempre tengo que conformarme con el "otra vez" en cada visita a Sevilla. Siempre llevo prisas. Pero esta vez no. Esta vez voy a disfrutar de esos paseos que tanto echo de menos.
Paso a saludar a Concha, de Queraltó. Se porta muy bien conmigo cada vez que me toca cambiar de gafas o lentillas, es muy cariñosa, y me coge de camino.
Cruzo el río. La Puerta de Jerez está patas arriba. Las obras han tomado la ciudad. Y la gente empieza a sentirse un poco como en Madrid, creen que van a sepultar la ciudad bajo las obras, creen que no va a terminar nunca.
Espero a cruzar la calle por un sitio imposible. Nadie se acordó de regular este rincón al tráfico. Y, ya me parecía raro que no hubiese pasado antes, empiezo a escuchar quejas sobre las obras. Pero se dirigen a mí. Me quito el MP3 para ser educada, para dar entender que le oigo, pero sólo después de la segunda respuesta. Le respondo que paciencia, que el que algo quiere algo le cuesta. Y ser educada me cuesta tener compañía que no buscaba durante un buen trayecto. Decido apagar la música.
Es un chico joven, o no tanto, de lo más sevillano. No sé, no tiene malas pintas, pero no me termina de convencer. Roza lo "cani". Y no mepreguntéis qué es; no conozco otra palabra mejor para definir lo cani.Que si hay que ver, que si esto no va a acabar nunca, que es un caos. Yo excuso al Ayuntamiento, intento comprender a ambas partes. Pero será que no vivo allí, y que no lo sufro a diario.Y le digo que sólo hay que ver el anuncio que ha hecho el Ayuntamiento de Madrid para defenderse de quejas así.
Me pregunta, intento ser cortés, pero no me apetece la conversación. Quería una mañana para mí. Pero sigue hablando. Que si soy de Madrid, no soy de aquí, se hace un lío, no me ubica (a veces casi ni yo consigo hacerlo), tampoco le doy facilidades,pero no vives aquí ¿verdad? , no, que si vas a venir en Semana Santa, no soy muy de Semana Santa¿y en feria? yo tengo caseta, si quieres te vienes y te invito a un cubata. Bla, bla, bla...Gracias.
Llega por fin mi bifurcación. Educadamente digo que tengo que tomar otro camino y le dejo allí. Y respiro paz. Estoy ya en la Giralda. Dispuesta a perderme por mi barrio Santa Cruz. Me confunden con una turista, estoy segura. Llevo la cámara en mano, no paro de hacer fotos. No paro de mirar todo como si fuera la primera vez. Y miro también el menú de las mesas en la Plaza Doña Elvira, con la esperanza de que pudiera haber algo
que me permita un día comer allí. Pero no, tendré que ahorrar, o al menos ahorrar para comer algo que no sea gazpacho más paella. Y tendré que elegir bien la compañía para disfrutar de un rincón tan increíble.
Me siento. Respiro la paz de antaño. La fuente canta como ha cantado siempre, es casi una nana. La brisa corre fresca entre los naranjos. Canto, hago fotos, miro, observo, siento. Estoy convencida, me toman por turista. Nadie compraría postales de su ciudad. Los camareros mi miran esperando que solicite una mesa, están casi al acecho.
Me he llenado de energía. He recuperado fuerzas, y sonrisas. Paz. Me reencuentro conmigo misma.
Se va haciendo tarde. Mi madre me espera para comer. Comida de mi madre. Y ahora también de la Thermomix. Tengo que coger de vuelta el autobús en la Plaza de la Encarnación, otro buen paseo. Pero disfruto de cada paso. Y me pregunto cuándo, de nuevo, podré volver a disfrutar de mi ciudad sin prisas, sin el agobio de cumplir con las visitas, sin tener que esquivar a todos conlos que tendría que compartir un ratito y no puedo dedicar, sin tener que llevar una agenda para distribuir cada minuto sin desaprovechar ninguno.
Pero esta vez no hice tanto, no ví a tantos, y no desaproveché un segundo. Porque los invertí en mí misma.
Mi querida Sevilla me ha vuelto a ver. Yo la he vuelto a soñar con los ojos abiertos.
Me ha regalado sonrisas, y yo se las he devuelto. Me ha regalado colores que han puesto alegría a mis días. Y guiños que se dibujaron reflejados en mis labios.
Me he teñido de verde, de albero, de cielo increíblemente azul. Me he bañado en calor de pretendida primavera avanzada. Me he vestido de ondas de Guadalquivir.
Me ha prestado de nuevo las risas que compartí con la gente de siempre. Risas sinceras, fuesen por diversión, o por combatir la tristeza, pero siempre compartiendo, y sintiendo que el tiempo no pasó nunca.
He sido turista. Como solía hacer cuando vivía allí. Me escapaba a los rincones más escondidos de la ciudad, y a los más concurridos por gente de todos los lugares. Me gustaba disfrutar de la paradójica calma de sitios que estaban repletos de turistas.
Tengo un rincón sagrado. Un rincón en el que el alma se encuentra con la paz, y todo parece silencio aunque todo sea ruido. He podido pasar horas allí sin hacer nada, y a la vez sin perder el tiempo. Escuchando música, escribiendo, leyendo, simplemente observando, simplemente sintiendo el aire sobre mi piel; cerrar los ojos y simplemente sentir.
Me encantaba ver cómo gente que iba de paso quedaban maravillados ante tal lugar, que mañana sería un recuerdo, que para mí iba a seguir siendo un presente. Verles llegar, admirar, fotografiar y marchar. Y yo quedarme allí, aun sentada, discriminando todo ruido del murmullo del agua en la fuente que me arrullaba, y dejándome acariciar por la fresca brisa de una primavera que comienza a estallar, con los naranjos intimidando al calor.
Y así volví a sentir mi Plaza de Doña Elvira...
Y así la quisiera volver a sentir, una vez más, sin prisas, sentarme, respirar el azahar, y sentir, sólo sentir...